PREHISTORIA

 ESTUDIO HISTORIOGRÁFICO Y ARQUEOLÓGICO DE EL HERRUMBLAR Los vestigios arqueológicos documentados de la localidad de El Herrumblar se remontan a la Protohistoria y la época histórica. De La Edad del Bronce se conocían ya vestigios que se guardan en el Museo Arqueológico de Cuenca, procedentes del Cerro Chavo (expediente 79/215). Este mismo yacimiento ha sido publicado en ocasiones (Valero Tévar, 1999: 184; Ídem e.p.) describiendo en él estructuras habitacionales realizadas en zócalo de piedra y parte superior en material perecedero.

 La cultura material se compone fundamentalmente de cerámica de labio vuelto con decoración en angulaciones y dientes de hoz. De la época ibérica se conocían, por datos de Carta Arqueológica, dos yacimientos próximos a la localidad, y localizados en las prospecciones realizadas por Miguel Ángel Valero Tévar, previas a la construcción de la variante de la carretera CM 3201 (Valero Tévar, 2001 passim). Se trata de dos pequeños yacimientos de apenas 0.50 Has. de dimensiones, que se ubicaban en una ladera que mira al sureste y tendrían una clara funcionalidad agropecuaria.

No obstante otros yacimientos de esta época, como el Llano de los Cabezos, se habían documentado con anterioridad (Valero Tévar, e.p.) con apariciones numismáticas que aportan luz sobre la localización de la ceca de Ikalesken.

ÉPOCA ROMANA

 Ya de época romana y gracias a las aportaciones particulares que localizan de forma esporádica y casual vestigios arqueológicos en las tareas agrícolas de remoción de tierras, se había documentado otro yacimiento de esta época (Valero Tévar 1998: 25), se trata de El Balsón.

 HISTORIAGRAFÍA

 En cuanto a la historiografía de la localidad no son abundantes las fuentes documentales en las cuales se pueden buscar información de la localidad (Archivo Municipal de El Herrumblar; Limpó et alii, 1996: 10-37; Madoz, 1987: 75; Peñarrubia Armero 1980: 46; Zarco Cuevas, 1983:307) ya que son pocas las publicaciones dedicadas a esta villa, y más comunes aquellas en las que se habla de El Herrumblar a través de otros municipios (Peñarrubia Armero 1980; Zarco Cuevas, 1983:307).

Parece ser, según la tradición oral que El Herrumblar se forma de la unión de varias pequeñas aldeas que la rodeaban, Los Noguerones, Garadén, El Pino Casablanca, etc, parte de los habitantes de ellas se trasladaron al Herrumblar debido a sus buenas condiciones de vida cercana a varios cauces de agua que facilitaba la agricultura hortofrutícola, hecho que se refleja en las palabras de Diccionario de Tomás López, (Limpó, et alii, 1996: 17) cuando se afirma que la zona es rica en cultivos, gracias también al pozo de buenas aguas que es el Pozuelo (Madoz,1987:75)

 INDEPENDENCIA DE INIESTA

La villa de El Herrumblar es villa independiente de Iniesta a partir de 1782, momento en que la villa asciende a unos 100 vecinos (Limpó, et alii, 1996: 16). Según esta publicación El Herrumblar se denominaba El Cumbrar antaño y luego el Retumblar (Limpó, et alii, 1996: 17).

El Herrumblar es una villa que vivía fundamentalmente de la agricultura y la ganadería ovina (Limpó et alii, 1997: 17; Madoz, 1987) aunque también eran famosos sus tejares, los cuales abastecían de tejas a todo el municipio y parte de los colindantes (Limpó et alii, 1997:17). Solamente se contaba con la iglesia actual dedicada a Nuestra Señora de la Estrella y construida en 1777 (Madoz, 1987: 75), pero antes se rendía culto en la Ermita de San Julián localizada al norte de la localidad junto al cementerio y fundada en 1680 (Limpó, et alii, 1996: 17).

IMÁGENES DE UNA VIDA EN EL HERRUMBLAR

Se dice que recordar es igual que vivir dos veces. Mirar hacia detrás en el tiempo, en nuestro pasado, es despertar con nostalgia en ocasiones que creíamos olvidados, pero que, irremediablemente son parte de nosotros. Rememorar lo sucedido es conmemorar épocas pasadas enriqueciendo con ello nuestro presente con la experiencia vital de otros.

Parece una gran paradoja, pero el tiempo es el mayor enemigo de la cultura popular y, a la vez, su más fiel aliado. Solemos olvidar con demasiada frecuencia que la Historia de un pueblo (con mayúsculas) no es sólo aquella relacionada con sus nobles alcurnias, ni con sus épicas batallas triunfantes, más bien, la Historia de un pueblo hemos de localizarla en sus palabras, y por ende en sus recuerdos; en ocasiones, olvidamos que somos hombres, y el hombre se distingue como tal por la memoria, el recuerdo, los sentimientos y sobre todo la palabra, palabras que han conformado el uso de la razón y los sentimientos.

Estas imágenes pretenden ser un primer paso que busca rememorar lo pasado aprendiendo de él, dice una máxima que “todo aquel que reniega de los errores cometidos en el pasado, está abocado a repetirlos continuamente”. Estas imágenes, también pretenden aproximarse, en la medida de sus posibilidades a la vasta retrospectiva de nuestro pueblo, a su vasta cultura popular.

Quieren hacer una pequeña excavación arqueológica, no en la tierra que pisamos, sino en la memoria. Constituyendo un retazo del pasado de los herrumblareños, en sus imágenes fluye esa Historia profunda que las generaciones han dejado, refleja todo un compendio de modos y modas, de maneras y comportamientos familiares, filiares y sociales. Hasta hace poco tiempo, lo popular, lo campesino, era objeto de burla y mofa por parte de aquellos que vivían y venían de la ciudad o de los que habían tenido la suerte de ver otras zonas.

Ahora la realidad ha cambiado tanto cualitativa, como cuantitativamente, se acude a los pueblos a estudiar de nuevo su Historia y se observa desde otra perspectiva, desde la perspectiva de la esencia pura del ser. Cuando el hombre se siente sin rumbo, vacío, vuelve a la línea de salida, a sus orígenes, al pueblo. Busca el aire puro de sus campos, la belleza de sus paisajes, la maravilla que entraña conversar con los más viejos, escuchar sus cuartetas, sus historias, sus romances...

En los últimos cincuenta años el tiempo y el denominado desarrollo han cambiado un mundo de costumbres y maneras de vivir en el cual habían estado inmersos tanto estos hombres y mujeres, como sus antecesores. Tuvieron que vender sus mulas y aprender a conducir, dejaron de realizar los cultivos de siempre porque ya no eran rentables, los cantos en los tajos se olvidaron... A las viejas costumbres hemos de ayudarlas continuamente ya que el tiempo las engulle dejándolas en el olvido.

Esto es así porque perviven a duras penas en un mundo gobernado por la moda y por lo nuevo. Querámoslo o no, vivimos en una sociedad de cambio. Prevalece el ir y venir rápido, las modas foráneas, los rostros jóvenes, etc. ¿Y de lo pasado que se hizo? No se sabe, quizás vive a la sombra del olvido, en la memoria de los viejos. Hechos que son mirados con indiferencia y falta de interés.

Pero eso es porque no se le ha escuchado, si les damos la oportunidad de manifestarse, seguro la disposición cambiará.

Estas imágenes transmiten la riqueza variopinta que los mayores tienen grabada en su memoria, otros, los de mediana edad apenas si conocen algunas, y los más jóvenes si no tienen oportunidad de ver impresas, las perderán.

Un pueblo sin raíces es una planta sin savia y sin ella la vida no es más que un rutinario deambular, un mero y monótono transcurso del tiempo sin punto de partida ni línea de llegada.